Estafa de predicción perfecta

Esta estafa implica hacer una serie de predicciones opuestas (sobre ganadores en el mercado de valores, juegos de fútbol o similares) y enviarlas a diferentes grupos de personas hasta que un grupo haya visto su historial perfecto lo suficiente como para ser engañado para que le pague por la siguiente «predicción».

Por ejemplo, Notre Dame jugará contra Michigan la próxima semana, así que envías 100 cartas a las personas, prediciendo el resultado del juego. Realmente no importa si los destinatarios de su carta son conocidos por apostar en juegos de fútbol universitario. La información que proporcione estimulará a algunos de ellos a querer apostar en el juego. Usted nombra a su letra algo hinchado como The Perfect Gamble (La Jugada Perfecta).En 50 cartas predices que Notre Dame ganará. En las otras 50 predices que Michigan ganará. Escribes una breve introducción explicando que tienes un método secreto seguro para predecir a los ganadores y para demostrarlo, estás dando predicciones gratis esta semana. Notre Dame gana.

La próxima semana envías una copia gratuita de The Perfect Gamble a los 50 que recibieron la carta que predijo una victoria de Notre Dame. En la introducción les recuerda la predicción de la semana pasada y les informa de cuánto habrían ganado si hubieran seguido sus consejos. Para demostrar que no hay resentimientos y darles una oportunidad más de aprovechar su sistema de juego seguro les proporciona, sin coste, una predicción más. Esta semana Notre Dame está jugando el estado de Oregon. Usted divide su lista de destinatarios y envía 25 cartas que predicen que Notre Dame ganará y 25 que pronosticarán que Oregon State ganará.

Después del segundo juego, tendrás 25 personas que te han visto hacer dos predicciones correctas seguidas. Tres predicciones correctas seguidas deben convencer a varios destinatarios de su carta de que tiene una manera segura de elegir a los ganadores. Ahora les cobra una tarifa sustancial por la siguiente predicción y, si todo sale según lo planeado, debe obtener una buena ganancia incluso después del envío y los costes del mismo.

Ya que usted es un ladrón por ejecutar esta estafa, no se sentirá culpable por prometer a los posibles tontos que le devolverán su dinero si no está completamente satisfecho con sus predicciones. Su esperanza es que estos sean codiciosos y digan: «¿Cómo puedo perder?» No tiene que recordarles cómo. ¡Incluso podría ser capaz de racionalizar su comportamiento diciéndote que merecen ser estafados por ser tan codiciosos!

Para diferentes audiencias, puede pretender ser un psíquico o un astrólogo o un matemático o un jugador que sabe cómo arreglar juegos de fútbol americano universitario. Si estás engañando a los crédulos y también a los avaros, puede autoconvencerse de que está prestando un servicio benéfico a la comunidad al engañar a estas personas con su dinero. Podría persuadirse de que, en lugar de intentar encarcelarlo por ser un estafador fraudulento, la sociedad debería otorgarle un premio por recordarle a las personas que utilicen su sentido común y sus habilidades de pensamiento crítico.

Una variante de la estafa de predicción perfecta es utilizada por algunos psíquicos. Si le dice a suficientes clientes que «algún día será rico más allá de sus sueños más salvajes», entonces si uno de ellos hereda una gran suma o gana una lotería, puede obtener crédito por ser psíquico.

Para saber más…

Steiner, Robert A. (1989). Don’t Get Taken! – Bunco and Bunkum Exposed – How to Protect Yourself  Wide-Awake Books.

Magnetoterapia: cómo conseguir que a usted le funcione (La Ciencia y sus demonios):

Como consumidor sensible al marketing que soy, y atraído por el elocuente slogan y por el sugerente color violeta del sobretítulo, me dispuse a leer la letra pequeña del anuncio, encontrando una sencilla explicación acerca de las “virtudes” de la terapia magnética (en la que además se afirmaba que éstas vienen avaladas por “numerosos estudios clínicos”). Pero lo que realmente me ha llevado a la sorprendente conclusión que da título a esta entrada ha sido un recuadro insertado en el propio anuncio, hábilmente coloreado del mismo tono violáceo, en el que se ofrecía “Una oportunidad para probar gratuitamente los beneficios de la magnetoterapia”.

¿Qué tiene esto que ver con algún método matemático que haga funcionar la magnetoterapia? Para explicárselo, permítanme que les ilustre con un ejemplo muy sencillo.

El método consiste en lanzar una campaña publicitaria en algún medio de comunicación nacional que tenga los mismos escrúpulos que yo, o incluso el doble (recuerden, 0 x 2 = 0). En ella ofreceré una prueba gratuita para que la gente que sufre algún tipo de dolor persistente, que por desgracia es mucha, sienta que no pierde nada por probar. Imaginemos que consigo que 1.000 personas accedan a realizar la prueba. De esas 1.000 personas, es razonable pensar que un número significativo de ellas experimentará una mejora en su estado en los días posteriores al “tratamiento”, bien porque los síntomas remitan de forma natural, porque estén siguiendo otro tratamiento que sí funcione, o incluso por puro azar. Seamos conservadores e imaginemos que sólo el 30% (algo menos de una tercera parte) experimenta esta mejoría. Pues bien, ya tengo 300 personas susceptibles de achacar la reducción de su dolor a los compases de la música aborigen.

Entonces me olvido de los 700 que no han mejorado, y por si aún quedan escépticos ofrezco a los 300 que sí lo han hecho una segunda prueba. Sigamos suponiendo que en los días posteriores mejorará el 30%, que son 90. Es bastante improbable que estos afortunados “pacientes” no atribuyan ya a mi revolucionario invento la causa de su curación. Ya tengo mis primeros 90 aparatitos vendidos. Si los vendo a 350 euros (¿por qué no? la Power Balance es un “cacho” de plástico y vale 35), ya me habré metido 31.500 euros en el bolsillo.

A los restantes 180 puedo intentar ofrecerles una tercera prueba más, alegando que el sistema requiere de algo más de tiempo para funcionar. Si de estos la tercera parte mejora de nuevo, ya tendré 21.000 euros más en mi cuenta. 52.500 euros por vender algo que probablemente no funcione, es un buen negocio ¿no creen? Y lo que es mejor aún: para estos 144 pobres incautos, mi cacharro sí que funciona. Et Voilà.

Por supuesto la cosa no queda ahí, pues los 144 primeros compradores tendrán vecinos, primos, hermanos u otra gente con la que compartirán dolencia a los que dirán la frase que más dinero proporciona en este negocio: ¡pues a mí me funciona!. Y ya está echado el cebo, pues es más fácil que te compre la maquinita alguien por recomendación de otro que por leer un anuncio en el periódico. Hala, a vender.